La etapa más larga pero preciosa. Geológicamente impresionante. Y llena de un verde inmenso que no se puede entender solo viéndolo desde la autopista. Hay que caminarla y comprenderla. Eso es lo que he hecho hoy. 

Han sido 30 kilómetros y medio llenos de conocimiento y de incertidumbre. Quizás sea la más temida. Mi compañera Vane se retiró por un pequeño problema de rodilla. Lo que me hizo pensar: “a mi también puede pasarme”. Afortunadamente, Fran Hernández, mi nuevo compañero, y yo acabamos felices junto a Vane, que nos estaba esperando, en La Esperanza. 

Estuvimos unas 8 horas solos. Literal. No nos encontramos a nadie en más del 80% del camino de hoy. Menos gente, menos basura. Lo que me hace pensar que somos demasiados por algunos senderos de Tenerife.

Las señalizaciones del GR 131 de color rojo granate son una estafa. En toda regla. No recomiendo guiarse por ellas porque psicológicamente pueden ser un lastre. En la jornada de ayer, jueves, ya lo teníamos en cuenta y hoy ha sido igual. No es posible que una señal te marque una distancia y más adelante, la siguiente, te marque más distancia que la anterior. Es uno de los senderos más transitados por su camino a Candelaria así que alguien tendrá que arreglarlo. 

Fran me dio lecciones de Geología. Me habló de la formación de Tenerife, algo totalmente desconocido para mi. Existen tres dorsales en forma de una especie de Y. En medio, El Teide, que lo unió todo. Y lo une: es un nexo hasta en casi todas las etapas de este gran reto. 

Aunque ha sido la etapa más larga, ha sido menos dura que la de ayer (Parador Nacional – La Caldera). La recordaré con gratitud por la sombra que nos dio esa masa forestal casi original en su plenitud. También por transportarme a los recuerdos felices de mi infancia: ir al monte era un tenderete de los grandes. Por las espectaculares vistas del Valle de La Orotava. Por la Geología, que si no hubiera tenido que aprender Biología para dedicarme a ella, quizás sería una de mis grandes pasiones en la actualidad. Por las setas y por su descubrimiento gracias a Fran. “Todas son comestibles pero no sabes si una te la volverás a comer de nuevo”, me advirtió. Por las polcas inventadas llegando al final: cantar parece típico del desvarío en Latitud Tenerife. Y es que como bien dijo Vane: Latitud es cuestión de actitud. 

El tramo final de pista se hizo algo más monótono pero siempre encontramos motivo para sostener el ánimo y la alegría. Vane se encargó de enviarme a mi móvil la banda sonora de este reto: ‘Espectacular’ de Alaska. Metimos el turbo y nos pusimos en La Esperanza alrededor de las 18.00 horas. 10 horas de camino, trapecios que no siento y piernas nuevas para Navidad. 

El último

Mañana, sábado 8 de diciembre, será el último día de este reto. No quiero adelantarme a calificarlo porque no quiero descubrir aún el final de esta película apasionante. Quizás dé más giros de argumento y no estoy preparada para ello. 

Nos espera Punta del Hidalgo saliendo desde la plaza del Adelantado de La Laguna. Casi 20 kilómetros que pueden asimilarse a la canción que dice que 20 años no son nada pero no… yo no soy así. Hasta que los créditos no salgan no se apagará esta pantalla. 

Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Comunicación institucional y gestión de redes sociales.

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