Carlos Mallo es un joven ingeniero al que la vida le sonreía en su vida laboral. En Tenerife, donde ejerció como jefe de producción de un gran proyecto de construcción, recibió la primera llamada del mar, pero continuó con su labor profesional. Sin embargo, decidió abandonarlo todo para dedicarse a su gran pasión: la conservación y el mar. El 11 de julio de 2019, mientras se encontraba en Costa Rica, fue uno de los protagonistas del rescate de dos ballenas jorobadas que habían quedado enredadas en un palangre y ese suceso fue el germen de la película Entangled in Costa Rica (Carlos Mallo / 24’ / 2020 / Costa Rica, España), que se proyecta este viernes 4 de junio a las 17.00 horas dentro de la programación de FICMEC Adventure en Buenavista del Norte y que forma parte de las jornadas Educación Ambiental.

El equipo de la ONG Innoceana, a la que pertenece Mallo, logró soltar a los dos cetáceos de la trampa en la que habían caído. El rescate fue grabado en vídeo y fue así como nació el proyecto de este cortometraje documental, de 25 minutos de duración, con el que quiere visibilizar la “pesca fantasma”, que es como se denomina al problema causado por artes de pesca abandonadas en las que caen especies marinas de todo tipo.

¿Qué veremos en Entangled in Costa Rica?

La problemática que aborda el documental es la pesca fantasma, que son todas esas artes de pesca perdidas en el mar que acaban atrapando un montón de vida marina. Se centra en un suceso que ocurrió en el sur de Costa Rica: encontramos dos ballenas jorobadas que estaban enredadas en un palangre de pesca y había también dos tortugas muertas enganchadas en el palangre. La película explica cómo liberamos a las ballenas.

El material del rescate que teníamos era relativamente bueno, pero estaba incompleto; entonces, un año después conseguimos contactar con unos productores en Austria, les encantó el proyecto y nos ayudaron. Con la ONG que yo lidero, Innoceana, montamos este documental sobre el problema de la pesca fantasma.

Películas como esta son una manera de enseñar al mundo la realidad que pasa en el mar y que nadie ve

¿Qué puede aportar esta película, y en general el cine medioambiental, a la concienciación de la ciudadanía?

Creemos que películas como la nuestra son una manera de enseñarle al mundo una realidad que está pasando ahí afuera, en el mar y que nadie la ve. El público puede entender las consecuencias de estas redes de pesca y de alguna manera ser más consciente del impacto que tiene para el mar, a nivel usuario, el comer mucho pescado, tirar comida. El potencial que le veo a nuestro documental en sí es motivar a la gente, decirle que nosotros somos gente normal que hemos marcado una gran diferencia en un evento concreto, y que todos podemos marcar la diferencia; que cada uno dé su brazo a torcer para intentar cambiar las cosas un poco en el medio ambiente.

Usted es ingeniero, pero lo abandonó todo para entregarse al mar…

Yo estuve una buena temporada trabajando en Tenerife, en una empresa de construcción, como jefe de producción, por lo que ya salí de la isla con un enamoramiento del mar importante. Luego seguí mi trayectoria profesional en Inglaterra y un día tuve esa revelación en la que dije: “Voy a cambiar todo y voy a dedicarme a esto, que es lo que me apasiona”. Esto me ocurrió durante mi estancia en Inglaterra, pero porque me fui a Tailandia de voluntario un tiempo a ayudar a una gente. Ahí fue cuando me di cuenta de que me encantaba hacer proyectos dedicados a la conservación.

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