Venta de don Juan en La Culata (principio de los años 30 - 1972). Imagen cedida por Ángel Hernández.

El sector de la alimentación ha sido uno de los protagonistas de esta crisis sanitaria. Las colas en los grandes supermercados, la escasez de algunos productos como la harina o el papel higiénico y los traslados limitados han ocasionado cambios en la conducta de los consumidores, provocando que buena parte de ellos hayan vuelto a comprar en la clásica y tradicional venta de barrio.  

“Normalmente sólo íbamos cuando nos veíamos apurados porque nos faltaban huevos o pan, por ejemplo”, comenta un vecino de El Tanque, “y ahora gracias a ellos podemos atrasar nuestras visitas a las grandes superficies”. Estos negocios, algunos regentados por más de una generación, se caracterizan por su pequeño tamaño y por la familiaridad del trato de sus trabajadores, la mayoría vecinos del propio municipio. 

El coronavirus ha obligado a las ventas a modernizarse

Sin embargo, a pesar del aspecto tradicional de las pocas ventas de barrio que a día de hoy siguen abiertas, el coronavirus ha obligado a sus dueños a modernizarse y a tomar medidas alternativas para satisfacer la demanda de los clientes.

Un ejemplo de ello es el caso de Chely Sacramento, dueña de Víveres Chely, en Los Silos.  Tras más de 20 años regentando esta venta (y casi 40 con el negocio, antes situado en el Economato), admite que desde el principio supo que el local, de apenas 20 metros cuadrados, no estaba preparado para recibir a los clientes y garantizar las medidas de seguridad. 

Por esa razón se vio obligada a cerrar sus puertas y a empezar a despachar a través la ventana. “Me costó un montón acostumbrarme y, sobre todo, acostumbrar a los clientes porque ellos entraban y se servían, de hecho, los primeros días hubo quienes quisieron seguir haciéndolo, hasta que me puse firme”. Según ella, los vecinos le mandan la lista de la compra vía WhatsApp o la llaman por teléfono para que se las tenga preparada.

Ángeles (Genovés), ha optado por el servicio a domicilio y las ventas de Mari y Paula (La Culata), Manolo (Buenavista), la de La Atalaya (El Tanque) y Víveres Andrés, Supermercado López y Supermercado Rosi (Los Silos), entre otras existentes en la comarca de Daute, también han tenido que buscar alternativas para continuar con el negocio. 

“Muchos clientes de otros barrios han dejado de venir”

Los trabajadores afirman que el confinamiento y la limitación del transporte han hecho que muchos clientes fijos de otros barrios que compraban en sus ventas hayan dejado de hacerlo. “En mi caso venía mucha gente de Tierra del Trigo que ahora no puede”, declara Chely, aunque la mayoría está de acuerdo en que muchas personas que antes visitaban las grandes superficies ahora prefieren comprar en la venta del barrio. 

Según han declarado varios dueños, también se han visto afectados por los ERTE en las empresas proveedoras de productos, quienes han suspendido los repartos por falta de personal. Esto les obliga a trasladarse hasta los almacenes que, tal y como declaran, “en el mejor de los casos están en Icod”. Además, algunos establecimientos únicamente cuentan con un empleado por lo que se ven obligados a recoger la mercancía fuera del horario laboral o a cerrar. 

Algunos negocios no pueden invertir en medidas de seguridad

Ahora solo quieren volver a la normalidad: “Tendremos que hacer reformas, pero hay que ser positivos y adaptarse a la nueva situación”, afirman en conjunto. Aunque también admiten que  proteger las instalaciones, por ejemplo, con pantallas de plástico o cristal supone una inversión que a priori la mayoría de estos pequeños negocios locales no podrán asumir antes de que entre en vigor el Plan de desescalada del confinamiento el próximo lunes 4 de mayo que permitirá, en varias fases, volver a la normalidad.