Nunca habíamos visto un fenómeno de este tipo. Así fue cómo se agradeció a la naturaleza poder disfrutar del eclipse de súper luna de ayer: “Gracias por este fenómeno”, dijo una de mis compañeras.

Nuestra primera idea era ver el eclipse, que ya no volverá a verse hasta 2022, desde el Teide, pero muchos se encargaron de quitarnos la idea de la cabeza por si llovía, granizaba, nevaba o la carretera creaba placas de hielo. Fuimos obedientes y nos fuimos hasta una de las zonas más altas de Daute: Arenas Negras, en Garachico.

Sabíamos que la altitud estaría a nuestro favor porque las nubes podían jugarnos una mala pasada y tapar la Luna. En torno a las 3.30 horas de la madrugada empezaría este gran fenómeno rojizo: la sombra de la Tierra ensombrecería a la Luna y el efecto del rojo se produciría por la atmósfera de nuestro planeta, explicaban en Sky Live Tv, que lo retransmitían en directo desde el Observatorio del Teide y nosotros, por casualidad, dimos con ello.

Escuchábamos sus explicaciones mientras mirábamos al cielo atentamente. En el siguiente enlace podrán repetir la magia de lo ocurrido en la madrugada del lunes 21 de enero.

Llegamos al parque recreativo de Arenas Negras. Un parque totalmente relacionado con nuestra infancia. Todas nuestras excursiones de fin de curso fueron allí. Así que regresamos a aquellos años pero de noche, con mucha bruma y frío. Nos dirigimos a la zona más alta del parque, donde había cabañas, cocinas y baños. Allí también pasamos muchos momentos felices de nuestra vida. Pero ya no queda nada, desde hace muchos años. Ojalá se recuperara ese espacio para disfrutar de la naturaleza como cuando éramos más jóvenes. 

Nos vinimos abajo porque las nubes tapaban a la Luna. No íbamos a ver el eclipse. Pero de repente… las nubes empezaron a correr hacia el oeste y todo el cielo fue nuestro. La potencia lumínica de la Luna nos hizo prescindir de linternas y frontales y mirar hacia todos lados era un auténtico espectáculo. Por momentos temimos habernos equivocado de día, pero a partir de las 3.00 horas de la madrugada ya entendimos que no habíamos errado.

Todo comenzó por el lado izquierdo superior de la Luna. Empezamos a ver esa pequeña mordida y cómo avanzaba poco a poco. No dejábamos de alucinar, de volvernos fans de lo que estaba pasando y de postularnos para ser unos lunáticos.

Se cubrió totalmente de la sombra de la Tierra y a medida que lo hizo pudimos ver su circunferencia a pesar de que estuviera cubierta. Mientras, pudimos ver algunas estrellas fugaces que se convertían en deseos secretos.

Cuando se tornó roja, la Luna parecía estar suspendida en medio de la nada. Como si estuviera colgada por un nailon. Como si la gravedad estuviera haciendo más efecto que de costumbre y bailara suspendida en el cielo. Fue realmente hermoso. Y revelador: somos nada en medio del todo.

Todo se tornó de color de estrellas. Los puntos de luz se multiplicaron por miles de millones y el cielo se vistió de lunares luminosos que alumbraron nuestras miradas sorprendidas porque la Luna, al vestirse de rojo, vistió también al cielo de estrellas. Era un paraje sobrecogedor.

Fueron tres horas inolvidables. No esperamos a que la Luna volviera a su estado natural porque el deber llama y algunos de nosotros teníamos que cumplir con las responsabilidades propias de la edad adulta. Aunque no lo fuimos hasta el momento en que nos fuimos de allí.

Bajo el efecto del eclipse de súper luna roja descubrimos lo grande de todo el universo y lo pequeños que podemos ser ante este tipo de fenómenos. Fue una noche mágica que agradeceremos para toda la vida. 

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Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Comunicación institucional y gestión de redes sociales.