El tercer sábado de septiembre está marcado en rojo en el Valle de El Palmar. Sea el año que sea. Ni el Festival Boreal de Los Silos ni una nueva edición de Paisaje Gastronómico en Garachico hacen olvidar que las medianías de Buenavista tienen una cita obligada con una de las joyas etnográficas de la comarca.

Las Libreas volvieron a brillar con luz propia en la víspera de las fiestas que el barrio celebra en honor a su patrona, la Virgen de la Consolación. Su presencia en la plaza de El Palmar está rodeada de inquietud, nervios y emociones de lo más variopintas, sobre todo, entre los más pequeños, donde el miedo y el entusiasmo se contraponen.

Un volador advertía a las 8 de la tarde que las Libreas del Lugar de Buenavista llegaban a la plaza para preceder a las anfitrionas. Rescatadas hace algunos años, van encabezadas por un diablo sujetado con una cadena con una niña vestida de ángel. Con su espada, vigila a la bestia. Le siguen bailando el tajaraste tres parejas (tres hombres y tres mujeres), junto con los tocadores de chácaras, pitos y tambores. En la plaza, el diablo queda suelto y corre por el recinto con el fuego a sus espaldas, hasta que el acto finaliza y la comitiva se marcha con el ángel apresando de nuevo al maligno.

Tras ellos era el turno de las más esperadas, las Libreas del barrio. Un nuevo volador señala la llegada de otros seis bailarines (todos hombres, pero tres vestidos de mujer) y el diablo y la diabla. También con el tajaraste, pero a un ritmo mayor y con un baile más sentido, la plaza se fue animando y el público, emocionado acompañó con las palmas. Diabla y diablo, en ese orden, comenzaron a correr con el fuego y los petardos en un espectáculo que no deja de sorprender por más que se repita. Los abrazos y sonrisas entre los bailarines y sus vecinos dicen mucho de cómo vive El Palmar su acto más emblemático.

Como manda la tradición, el bien derrotó al mal y las Libreas abandonaron la plaza con la tarea hecha, no sin antes recibir el reconocimiento y cariño de los cientos de personas allí congregados. Basta observar las miradas y gestos de todos (y, especialmente, de los niños), para comprobar que las Libreas siguen muy vivas en pleno siglo XXI.

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Codirector de DAUTE DIGITAL y redactor en COPE Canarias. Grado en Periodismo por la Universidad de La Laguna y Máster en Innovación en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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