Lomo Morín sigue despertando el interés de cientos de personas que cada fin de semana, esquivando las prohibiciones del Ayuntamiento de Los Silos y de los propietarios de las fincas de la zona, acuden a los pies de su ya famosa cascada para buscar la mejor foto que colgar en las redes sociales.

Hace pocas semanas, un vídeo de Nivariaextremo comenzó a circular por las redes sociales. Casi ocho minutos donde el responsable de esta empresa de turismo activo, Santi Florido, recogía con la ayuda de un compañero y a cámara rápida hasta tres bolsas de basura tras un fin de semana de visitas incontroladas a los pies de la cascada.

La afluencia masiva tras el confinamiento de grupos de familias y amigos supone un riesgo para su propia integridad física y también para el propio lugar, dentro de los límites del Parque Rural de Teno.

La seguridad a la hora de acceder a lugares de este tipo se hace imprescindible, máxime cuando se trata de un espacio privado. No en vano, el Cabildo de Tenerife autoriza a un máximo de 15 personas a acudir a Lomo Morín, pero con el único fin de practicar barranquismo.

La semana pasada, DAUTE DIGITAL aceptaba la invitación de Nivariaextremo para conocer de primera mano la experiencia de descender Lomo Morín haciendo barranquismo: toda una aventura de la que no hace falta tener conocimientos previos, pero sí estar dispuestos a tirar de valentía para cumplir la misión.

Tras concentrarnos en el casco de Los Silos, la ruta comienza en las medianías. Tierra del Trigo nos recibe con un sol que horas más tarde, dentro del barranco, echaremos de menos. Arrancamos el camino completamente equipados: mono de neopreno, arnés, casco y botas.

Avanzamos durante 20 minutos sin separarnos del canal que viene desde los altos del municipio. Por la vereda ya nos vamos encontrando con pequeños grupos que regresan de una de las fotos más comunes en Instagram: la fuga de agua que comienza a nacer tras la rotura del canal y un pueblo de Los Silos allá bajo, rodeado de plataneras. Por más que esté repetida, esta estampa de Lomo Morín siempre impresiona.

Pendiente de lo que dicte la Justicia, la cal ha ido haciendo mella en el terreno y, lo que a primera vista parece un regalo de la naturaleza, se trata en realidad de un problema ambiental que parece haberse eternizado en el tiempo. El agua deja un canal para bajar a gran velocidad varios algunos cientos de metros, donde es recogida por otro que la conduce hasta su destino.

Recurrimos al rápel en cinco ocasiones; cada una, más difícil que la anterior

Nuestra misión es seguir el rastro de esa agua. Comenzamos a bajar Lomo Morín a buen ritmo, aunque pendientes del terreno. Las apariencias engañan: mejor pisar agua que arcilla, aunque cada cierto tiempo se nos olvide y busquemos erróneamente el color marrón.

Unos metros más abajo empieza la aventura. Es el momento del rápel. Atamos cuerdas y salvamos el primer salto del barranco. Como primera experiencia no está nada mal. Serán cinco en total; cada uno, más difícil que el anterior. Santi se afana por preparar todo el sistema de cuerdas y anclajes para que no falle nada. Lleva seis años bajando Lomo Morín y no deja nada a la improvisación. Es, eso sí, un trabajo arduo que lleva su tiempo y que contrasta con la rapidez del descenso.

Se hace necesario en muchos casos hacer el camino arrastrando el cuerpo sobre la tierra y el agua. Comenzamos a acordarnos del sol y agradecemos el chaleco y el traje de neopreno que en el taxi nos hacía sudar.

Poco a poco nos vamos adentrando en el corazón del risco. Santi prepara algunos pasamanos previos a la bajada hacia los siguientes puntos. El aumento de la dificultad se compensa en cierta manera con la técnica que vamos mejorando en cada rápel.

Algunas horas después llegamos a la joya de la corona: la gran cascada de Lomo Morín. No es un lugar apto para quienes sufren vértigo. Allá abajo se intuye el final del salto de agua, que tantos quebraderos ha dado a las autoridades municipales por el acceso de cientos y cientos de personas sin control.

La última parte de la cascada son 40 metros de una perfecta bajada vertical

Lo que sí está controlado es el descenso, aunque a nosotros nos genere, lógicamente, dudas. Todo saldrá bien, pero mejor no mirar para abajo. El penúltimo rápel viene precedido por un pasamanos que nos deja pegados a la pared, antes de sumergirnos en la cascada en un cauce bastante estrecho a la par que impresionante.

En realidad la cascada está compuesta por dos tramos. Estamos ahora casi a la mitad, pero nos quedan unos 40 metros de una bajada perfectamente vertical. Llega la mejor parte y también la más decisiva. Es el único rápel donde los que están arriba no pueden seguir el rastro a quien baja, por lo que el walkie-talkie o las señas del que ya ha descendido son imprescindibles.

Es imposible describir con palabras la bajada por esta última parte de la cascada. La perfecta verticalidad del risco hace imposible apoyar los pies en ninguna parte. Bajamos impresionados por la altura pero también disfrutando, sabedores de que es el último descenso y tras haberle cogido, de alguna forma, el truco a esto de soltar la cuerda poco a poco. El tiempo se pasa en un abrir y cerrar de ojos.

Estamos abajo. Objetivo conseguido. A los pies de la cascada uno se hace la idea de la proeza realizada. Junto a nosotros están un grupo de ocho jóvenes que, haciendo caso omiso de las señales, han subido en busca de la mejor foto. Uno se ha quedado abajo por una lesión. Afortunadamente, no han dejado por el camino restos de comida ni otros desperdicios.

El último tramo de la ruta tiene también su técnica. Bajamos arrastrando el trasero por el cauce mientras nos preguntamos cómo es posible que familias enteras suban con sus hijos hacia la cascada y, en muchos casos, con calzado poco adecuado y llevando consigo neveras portátiles. Ya en el canal nos encontramos de frente con más personas que intentan subir. Las señales de prohibido el paso no sirven de nada.

La aventura termina en la trasera del antiguo convento de San Sebastián con una cerveza bien fría. Son las 3 de la tarde y la misión ha sido un éxito. Lomo Morín ha superado con creces las expectativas.

Y sí, también aquí hay espacio para las fotos y el postureo en las redes sociales, pero sin poner en peligro nuestra seguridad. Nivariaextremo graba y fotografía los mejores momentos de la ruta. La mejor forma de conocer la cascada de Lomo Morín es llegando hasta ella cumpliendo las normas y, sobre todo, respetando el entorno.

Imágenes: Nivariaextremo
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Codirector de DAUTE DIGITAL y redactor en COPE Canarias. Grado en Periodismo por la Universidad de La Laguna y Máster en Innovación en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche.