Nuestro pequeño comercio

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Desde niño tuve conciencia de ver a mis padres detrás de un mostrador. Mi infancia la pasé cargando cajas, reponiendo estanterías y atendiendo al cliente. El comercio local se movía: gente en las calles y tertulias en las tiendas. Había vida, esa vida que hoy se ha perdido. Las grandes superficies, las compras por internet y el sistema que tenemos hoy en día han mermado al pequeño comercio, que subsiste a duras penas. Son muchas las familias comerciantes que dieron y que aún siguen dando un servicio ejemplar.

Estos días, con el coronavirus, ha vuelto el trasiego de gente en el comercio del pueblo; en este caso, en los de abastecimiento de alimentos por la situación que se está viviendo. Me recuerda a la vida de mi infancia.

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Estos pequeños comercios están resolviendo, por su cercanía, el gran problema que tenemos; y eso es de agradecer.

Esto acabará y, posiblemente, vuelva todo a la misma situación. Pero quiero decirles que el comercio local da vida a los pueblos, da seguridad a las calles y, en general, se hacen bien las cosas y se pagan impuestos en nuestro país, cosa que no se puede decir de otros canales de venta.

Todos debemos ser conscientes, cuando compramos, de dónde lo hacemos y del beneficio que esa inversión tendrá para el lugar donde vivimos. No dejes nunca de comprar en el pequeño comercio.

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