Amanece en Garachico y Amanda Barrera y Adrián Almirón, padres primerizos, están ya en pie dispuestos a superar otro día más de cuarentena junto a su pequeño Leo que este sábado cumple 18 días. Para ellos las felicitaciones, las visitas, los besos y los abrazos de la familia y de los amigos se han reducido a videollamadas y mensajes de cariño y ánimo.

Por esa razón, y según estos padres, cuando pase la tormenta “lo primero será presentar a Leo a todos y luego dar muchos paseos al aire libre”.

Para los que se preguntan cómo debe ser estar confinado con un recién nacido, estos progenitores lo tienen claro: “No nos está costando nada y tampoco tenemos tiempo de aburrirnos con nuestro juguetito nuevo (risas)”. Tal y como cuenta la madre, “al principio fue un poco estresante por las dudas que nos surgían de primerizos, sobre todo en cuestiones de salud”, pero todo ha salido bien. Y es que la pareja antes de declararse la pandemia ya tenía planeado no recibir visitas en casa hasta que estuvieran preparados.

“Estamos disfrutando de Leo sin estrés y a nuestra manera”

“Para ser honestos estamos disfrutando mucho de Leo, sin estrés y a nuestra manera, sin que nadie opine cómo debemos hacerlo”, pero no ven la hora de, según ellos, volver a ser sociables.

Hasta el momento el bebé solo conoce a algunos familiares de la madre ya que los paternos viven en Málaga: “Aunque unos estén aquí y otros allá para nosotros están igual de lejos ya que no podemos ver a nadie”.

A pesar de que la cuarentena restringe las salidas, las revisiones médicas semanales siguen en pie y para ellos los traslados se convierten en una aventura de lucha contra un posible contagio: “Yo bajo a Leo al garaje sin tocar nada, Adri lo va abriendo todo con un guante puesto que se quita antes de entrar al coche y desinfectarse, nos deja en la puerta del médico y cuando salgo repetimos lo mismo. Cuando entramos a casa nos quitamos la ropa y nos duchamos”. Además, con el objetivo de reducir las salidas, se han organizado para unir las consultas de postparto con las del bebé, así como las visitas a la farmacia.

Como todos los días después de realizar las tareas de casa se visten y salen de paseo a la terraza. Mientras disfrutan del sol y de la brisa del mar Amanda y Adrián le explican a Leo que este virus no es más que el malo de un cuento con corona y aunque por su culpa aún no ha podido conocer a sus abuelos, tíos, primos y amigos, como en toda historia, hay miles de héroes luchando para erradicarlo.

Pero lo que todavía no saben ni Leo ni sus padres es que cuando esto acabe y todo vuelva a la normalidad la deuda de besos y de abrazos será tan grande que faltarán horas del día para que la familia les demuestre a los tres lo mucho que los han echado de menos.