“En Canarias se vive de espaldas a los volcanes porque no quieren oír malas noticias”

La geóloga colombiana Marta Lucía Calvache fue testigo excepcional de la catástrofe del Nevado del Ruiz

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Todo aquel que hoy tenga más de cuarenta años probablemente recuerda la erupción del Nevado del Ruiz (Colombia) en 1985 y la agonía y muerte en directo de la niña Omayra, una de las 23.000 personas que perdieron la vida en esa tragedia. La geóloga Marta Lucía Calvache trabajaba en esos días junto al volcán y fue testigo de excepción de todo lo ocurrido. La erupción marcó su vida profesional, que desde entonces dedicó a la vulcanología. Hoy, el Servicio Geológico Colombiano, al que pertenece, es referente mundial. Calvache, invitada en el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC), afirma que la tendencia de los canarios a vivir de espaldas al riesgo volcánico es algo común a todas las comunidades que ocupan territorios como el nuestro. “Nadie quiere oír malas noticias”, afirma.

– ¿Cómo influyó en su carrera profesional la erupción del Nevado del Ruiz?

La erupción y sus consecuencias definitivamente marcan la vida de cualquiera porque es una tragedia muy grande que uno, de alguna forma, haya conocido la situación del volcán antes y después. Yo ya había estudiado geología; estaba con una compañera haciendo la tesis para graduarnos de geólogas cuando empezamos a trabajar en el Nevado del Ruiz, pero en proyectos de geotermia. Y, a partir de la erupción, la decisión de trabajar en volcanes activos desde el punto de vista del conocimiento del volcán quedó determinada.

 – ¿Y qué significó para usted esa tragedia desde una perspectiva humana?

A uno eso le marca la vida. Nosotros en un principio estábamos tan metidos en tratar de evaluar lo que estaba pasando en el volcán que no habíamos sido expuestos a toda la tragedia, a las imágenes. Los primeros días, quienes estábamos involucrados en tratar de ver lo que había pasado en el volcán, ni dormíamos ni comíamos. Los días fueron muy caóticos en un principio y el impacto del drama fue llegando un poquito después.

La naturaleza no hace algo extraordinario, sino lo que tiene que hacer

El Servicio Geológico Colombiano, en el que usted trabaja, es un referente mundial. ¿Por qué?

Tras lo del Nevado del Ruiz, para nosotros quedó claro que investigar para hacer publicaciones en revistas internacionales es importante, pero si el conocimiento sobre lo que puede afectar a la gente no llega a las comunidades, a las familias, nuestro trabajo no está completo. Y ha sido muy bueno que desde hace más treinta años el Gobierno empezara a especializarse en tener equipos, conocimiento, y que ese conocimiento le llegue a la gente. Y eso es lo que hemos estado haciendo durante más de treinta años, no solo en volcanes, sino en sismos y en otras cosas. Vivimos en un país que es muy activo, pero la naturaleza nos da a veces sorpresas y no es porque la naturaleza haga algo extraordinario; hace lo que tiene que hacer. Y si nosotros no conocemos los volcanes, si no los respetamos y nos hacemos a un ladito, nos van a pasar cosas como Nevado del Ruiz.

Las islas Canarias son un territorio volcánico. Sin embargo, vivimos en cierta forma de espaldas a esa realidad en cuanto al riesgo que supone. ¿Esto ocurre en otras regiones similares?

Yo diría que los canarios no son diferentes a otras comunidades, y seguramente en el diario vivir tenemos tantas cosas que requieren nuestra respuesta inmediata que a veces creemos que no nos debemos preocupar por los fenómenos naturales que no ocurren tan frecuentemente —en cien años, en quinientos años…—, o los que se nos muestran como que tienen baja probabilidad de ocurrencia. El problema es que, si llega a ocurrir, puede cambiar para siempre la vida de las personas, y yo diría que para los seres humanos eso no es fácil de aceptar, y no es fácil comunicarlo ni incorporarlo en la forma de vida. Cada vez es más necesario conocer para poder actuar, aunque no va a ser fácil porque nadie quiere oír malas noticias. Creo que ustedes no están solos; en muchísimas partes ocurre, y ese es el gran dilema: qué podemos hacer como respuesta cuando el volcán ya empezó a hacer algo o qué podemos hacer al mediano o largo plazo como medidas de ordenamiento de un territorio.

Cada vez es más necesario conoce para poder actuar

– Pero las autoridades sí deberían estar preparadas, ¿no?

Entre las autoridades, las decisiones que tienen que ver con el desalojo de propiedades nadie las quiere tomar. Yo nací en una región volcánica, y cuando el volcán se reactiva se vuelve una herramienta de discusión política entre los que dicen “aquí no pasa nada” y los que dicen “todos van a morir”. Y uno dice: “En lugar de estar discutiendo una cosa política, ¿no deberíamos intentar hacer algo?”. Y en eso andamos. Los seres humanos somos complicados cuando hay intereses en esta cuestión de entender la naturaleza. A veces tenemos muchísimas visiones porque tenemos intereses; intereses de amor, económicos, de filosofía, de liderazgo, que pueden intervenir y mostrar ciertos matices, y es complicado. Yo diría que, mediante la educación, los niños de hoy van a tener una visión más amplia y van a ver la naturaleza y el ambiente como lo que realmente son, y verán que nosotros somos parte de eso. Seguramente todo será muchísimo mejor.

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