Fotografías: Daniel Pinelo

La Semana Santa en la Isla Baja saca, como cada año, el arte imaginero de las iglesias a la calle, con obras de todos los estilos y para todos los gustos. Si bien Garachico conserva un destacado conjunto de piezas de gran valor —fundamental fue el taller que Martín de Andújar estableció en la localidad en 1637— otros templos de la comarca atesoran soberbias imágenes procesionales.

Es el caso del Cristo de la Misericordia que, desde hace 400 años, se venera en la parroquia de Nuestra Señora de la Luz de Los Silos. Una obra difícil de concebir para un pueblo tan pequeño pero que ha sabido conservarse por sus vecinos a lo largo de su historia.

Este Viernes Santo, las miradas de los devotos vuelven a fijarse en el imponente crucificado andaluz. Este día, también, DAUTE DIGITAL muestra detalles y perspectivas nunca antes fotografiadas del Señor de la Villa.

El Cristo muerto de Los Silos invita a detenerse y contemplarlo en silencio. Poco se puede añadir ante una talla de tal envergadura. El barroco más impactante y, al mismo tiempo, sereno se resume en la imagen que esculpiera en Sevilla con toda probabilidad el jienense Francisco de Ocampo cerca de 1632, año en el que por primera vez se documenta su existencia en la parroquia de Nuestra Señora de la Luz.

Lo cierto es que su autoría exacta se desconoce. Sin embargo, aunque otros historiadores lo atribuyeron a diferentes imaginemos, el icodense Martínez de la Peña tiene pocas dudas de que el crucificado salió de la gubia de Ocampo. Basta remitirse a Sevilla y compararlo con el Cristo del Calvario de la parroquia de la Magdalena o con el Señor del Silencio de la iglesia de San Antonio Abad.

De lo que no hay dudas es de su valor incalculable. Una pieza única en Canarias alabada por todos los expertos en la materia por su “perfección anatómica, la extrema seriedad del rostro y la ausencia de desgarros musculares”. Del mismo modo, “su barroquismo se hace patente en el extraordinario realismo de la talla, los pliegues del paño de pudor y las salpicaduras en su anatomía”.

Cualquier parte del cuerpo estremece por el realismo con que el imaginero dio forma a esta obra de arte. Manos agarrotadas por el agujero de los clavos, rodillas hinchadas tras caer por el peso de la cruz camino del Gólgota, costillas perfectamente marcadas o una espalda de contornos imposibles. Todo ello, con un rostro que, como explica Martínez de la Peña, “se resuelve en un compromiso entre la sensación de sufrimiento, dada por la inclinación de las cejas, y la de placidez, por los grandes ojos cerrados”. Así lo define en sus Noticias sobre el Cristo de la Misericordia…, artículo publicado en 1989 en el Anuario de Estudios Atlánticos.

El Cristo silense, en cuanto a su realismo anatómico, sobresale por encima de otros crucificados tinerfeños que, sin embargo, han concitado históricamente más fervor en lugares como La Laguna, La Orotava, Icod o Garachico. Poca explicación, más allá del aislamiento del pueblo, tiene el hecho de haber pasado prácticamente desapercibido hasta finales del siglo XX.

La imagen tiene cofradía propia, cuyos inicios se remontan a 1614, años antes de que el crucificado llegase a Los Silos. La Vera Cruz y Misericordia tuvo bastante influencia en la comunidad parroquial, pues llegó a levantar una capilla propia en el lado sur de la iglesia, donde desde entonces se venera al Cristo, enmarcado en el retablo más rico que posee el templo.

La hermandad se diluyó en el siglo XIX —su última referencia en el inventario de la parroquia data de 1853—, pero la imagen siguió procesionando varias veces al año. Hasta hace algunas décadas, llegó a salir incluso en la festividad de San Antonio Abad, además de cumplir con el rito de hacerlo en Semana Santa y en la Octava de la Virgen de la Luz. Desde 2013, la Vera Cruz vuelve a custodiarlo.

La talla fue restaurada y, en 2004, salió de Tenerife para formar parte de la magna exposición La huella y la senda, organizada en Las Palmas de Gran Canaria con motivo del VI centenario de la Diócesis de Canarias. El Cristo de Los Silos comenzaba a ocupar el lugar que se merece en la historia artística de las islas.

Viernes Santo en Los Silos. El Cristo peregrina por las calles adoquinadas del casco histórico en la Procesión Magna. Antaño lo hizo solo o con la desaparecida dolorosa de La Palma. Su lento caminar a hombros de los cofrades mientras cae la tarde no deja indiferente a nadie. Con el Cristo de la Misericordia pasa la primavera, el arte y la devoción. Y pasa la historia de Los Silos.

 

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Codirector de DAUTE DIGITAL y redactor en COPE Canarias. Grado en Periodismo por la Universidad de La Laguna y Máster en Innovación en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche.

2 Comentarios

  1. Agradecería, si alguien considera oportuno y desea el trámite, colocar en la base de las imágenes información sobre el autor y cronología de las obras escultóricas que conservan las iglesias de la comarca.
    Lo expongo aquí porque desde un medio puede conseguir respuesta.
    Un saludo.

  2. Priscila, su interesante comentario me recuerda que hace unos años en la Parroquia de Nuestra Señora de La Luz de Los Silos, fueron puestas junto a cada imagen unas breves reseñas (año, autor, historia, etc) que por lo menos a mi me parecían bien documentadas. Pero allá por el año 2017 fueron retiradas. Supongo que habría alguna razón.
    Saludos.

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