La carta a los Reyes Magos de Abel Herrera

Érase una vez un parque rural, ubicado en el lugar más occidental de una isla de Occidente, una especie de ínsula Barataria sanchopancesca

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Queridos Reyes Magos de Oriente:

En el actual marco dialéctico líquido, anegado de posverdad, no sabría deciros si me he portado bien, mal o mediopensionista. Dejo en manos de vuestras majestades la valoración por si estimáis atender mi petición, que como podréis comprobar no tiene mucho que ver con mi persona aunque a todos nos toque de soslayo.

Entre mis ruegos para este año, toma especial relevancia que hagáis lo posible para que las palabras volvieran a tener el significado que tuvieron en el pasado, tampoco pido muy atrás, justo hasta cuando a nuestros abuelos les bastaba dar la suya para sellar un acuerdo. ¡Qué tiempos! La actualidad parece ir a lomos de un mundo paralelo al real, donde el subtexto se convierte en protagonista y obliga a resignificar continuamente significante y significado. Lo que adquiere especial relevancia en el lenguaje político, endiabladamente encriptado en una especie de enmarañada cuarta dimensión. 

Les ilustro mi inquietud al respecto a través de una historia verídicamente ficticia, plena de retórica blanqueadora.

Los Carrizales

Érase una vez un parque rural, ubicado en el lugar más occidental de una isla de Occidente, una especie de ínsula Barataria sanchopancesca. Espacio natural protegido clasificado así debido a sus valores naturales y culturales, resultante de la adaptación humana a un medio inhóspito. Para evitar que su reducida población, entorno al millar, abandonara su medio y en consecuencia la protección del conjunto, inventaron leyes que parieron otras leyes, normas y estrategias. Se montaron cuadrillas de trabajo, vigilancia y una oficina de técnicos que debían resolver, desde dentro del parque, las demandas de los vecinos y otras cuestiones. Este equipo lo hacía lo mejor que podía o que le dejaban, que también ocurría, y así hasta una veintena de años ininterrumpidos.

Pero hete aquí que las altas jerarquías decidieron controlar el espacio natural desde el otro extremo geográfico de la ínsula, alegando mayor efectividad y mejor servicio para los vecinos residentes en el lado opuesto, y es ahí donde el lenguaje parece hacer una cabriola resignificativa de lo que no es. 

Oficinas del Parque Rural de Teno en El Palmar

Para hacer valer el nuevo cambio de paradigma, se constituyó un staff político-técnico en la metrópoli, desde donde se dirige el espacio allende los kilómetros. Cuando en caso de necesidad los técnicos se trasladan al territorio, lo hacen con vehículo oficial a través de la llamada vía rápida (la VR), famosa por sus interminables colas; en recorrerla emplean un mínimo de tres horas para sus viajes de ir y retornar a la base, que supone algo así como la mitad de su jornada laboral. No entro a valorar el agravio que supone este privilegio que tiene la superior jerarquía técnica respecto a los niveles más bajos del escalafón, con menos salario, quienes han de trasladarse a sus puestos de trabajo con su tiempo y su dinero. Parecía que la veintena de años anteriores habían logrado descabalgar definitivamente al ‘Señor Ingeniero’, otrora jinete de fusta y carabina con los que controlaba a sus subordinados para defender los montes.

Este cambio de modelo de gestión activa en el territorio (codo a codo) por el de gestión pasiva desde la distancia (puramente administrativa), basada esencialmente en la demanda ‘on line’ y visión cortoplacista (a golpe de Twitter y legislatura), se argumenta en aras de una mejor efectividad, lo que para mí supone otra maroma calificativo léxica de doble bucle mortal. Pero estas no son las únicas contradicciones emperifollado-semánticas, ya que también han decidido eliminar el Centro de Servicio a la Ciudadanía (CSC) que atendía gestiones básicas, registro de documentos y acercaba la administración a los desfavorecidos ciudadanos del parque, obligándoles nuevamente a trasladarse fuera del mismo para sus gestiones tal y como ocurría hace más de una veintena de años.

En fin, como ciudadano espero que estos drásticos cambios, y otros que por su extensión me he dejado en el tintero, no se deban a que, desde hace ya más de un año, no hay responsable en el parque que dirija su rumbo desde una óptica técnica. Ahora se hace directamente desde la política y la distancia. ¿Esto es bueno? ¿Es malo? Dicen que es más democrático pues los políticos representan directamente al pueblo. Bueno, quizá tengan razón… en ese caso mejor sustituir a los fedatarios públicos, que obtienen su plaza por concurso oposición, por personal colocado digitalmente por los elegidos por el pueblo.

Volviendo al encabezamiento de mi carta, la solución al problema puede ser tan sencilla, o compleja, como queramos o pactemos. Sea como fuere, las claves habría que buscarlas entre la espesa nata informe, cuasi-líquida, que describiera Zygmunt Bauman.

Labores agrícolas en Teno Alto

Por fin se acerca ya la primavera clarificadora y con ella el florido mayo, mes para llevar ramilletes de flores y promesas a la Virgen; a medida que se aproxime ese mariano mes escucharemos bellos cantos de sirena, y promesas, y certezas… Por eso os pido, si pudierais traerlo desde Oriente, que el lenguaje que se utilice vuelva a retomar la acepción que tuvo para nuestros abuelos; para no perder la escasa fe que nos va quedando, no tener que taponarnos los oídos con cera o tener que atarnos al mástil como hiciera Ulises cuando peligraba su regreso a Ítaca. 

Un fuerte abrazo desde Occidente, desde donde prometo hacer lo posible por intentar portarme mejor y no meterme en camisa de once varas

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