La tercera etapa de Latitud Tenerife me va a ser muy complicado resumirla. O no. Una sola palabra: espectacular. Este podría ser la síntesis de lo visto y caminado por nosotras. Mi nivel de satisfacción al terminar la etapa ha sido tal que tenía la sensación de haber acabado esta gran aventura. 

¿Cansancio? Sí. Hemos caminado 22 kilómetros llegando a una altitud de 2.000 metros y con multitud de terrenos que a veces no dejaban despegar nuestros ojos del camino. No dejábamos de repetir, casi finalizando, “es que mira de dónde venimos”. Era impresionante lo que habíamos dejado detrás. 

Partimos de la zona recreativa de Chío, con un gran paisaje de lava y pinar, que fue acompañado incesantemente por nuestra compañera: La Gomera. Hoy la perdimos de vista. A la referencia de El Teide le acompañó Pico Viejo. A este último debíamos bordearlo: algo que mentalmente podía suponer un lastre. Pero no fue así. Ha sido una etapa muy amena caracterizada por la ausencia de fauna y de personas. Pero no nos hizo falta nada para llenarnos. 

Lava, formaciones geológicas impresionantes, paletas de colores en pocos tramos y la eterna sensación de estar en otro lugar del mundo nos bastaron para llevar un ritmo progresivo. 

El terreno rocoso y montañoso me recordó a Kurt Diemberger, alpinista superviviente de la tragedia del K-2 y una leyenda viva, que tuve el privilegio de conocer en FICMEC. Aseguraba que la montaña está para contemplarla y se mostraba en contra de la moda del trailrunning: correr por montaña. Lo cierto es que correr no deja hueco a la observación y lo de hoy, corriendo, hubiera sido imposible de disfrutar. Gracias Kurt. 

La Biología era una de mis asignaturas pendientes en el instituto. Siempre fui de Letras. Sin embargo, la Geología era algo que llamaba más mi atención y la tercera etapa de Latitud Tenerife es un escaparate para los amantes de esta disciplina científica. En general, el Parque Nacional del Teide es una confirmación de que antes que nosotros, aquí, estaban todas esas formaciones que nosotros, en muchas ocasiones, nos encargamos de destrozar. 

Y antes que yo estaba Juan Évora. Un auténtico desconocido para mí hasta hoy. Si hay algo que me está aportando Latitud Tenerife es conocimiento de mi tierra. Voy a terminar la aventura sabiendo y conociendo historias, anécdotas, personas, especies o senderos que desconocía totalmente. Évora seguro que conocía el 100% del territorio del parque nacional: fue el último peón caminero que residió allí. Lo que fue su casa es ahora un museo dedicado a su persona en el que se puede observar cómo vivía. Residió allí hasta el año 1989 y murió en 1994. Nuestra tierra es espectacular y nuestra gente aún más. Por eso, aconsejo: “canario, conoce tu tierra”. 

Dejamos atrás a Évora y nos adentramos en la recta final de la etapa. Un camino en el que lo miraras por donde lo miraras todo era espectacular. No había otra definición. Atravesamos el Llano de Ucanca con algo de viento frío pero agradecido por el gran día soleado (no sé si caminar por el desierto debe ser algo parecido) y de frente Guajara (ya he decidido, gracias a Vane, que será lo próximo que conozca). En esta travesía nos dimos cuenta de que ya habíamos rodeado Pico Viejo, algo que tanto temíamos lo habíamos hecho sin mayor esfuerzo.

El Teide no dejaba de mirarnos siendo algo recíproco. A la derecha, la Zapatilla de la reina y distintas formaciones geológicas que aunque las hayas visto cientos de veces, volverás a mirarlas. También estaban Los Azulejos junto a Roques de García, nuestro destino, y La Catedral que no sabría cómo definirla. Pasar justo a su lado fue una mezcla de sensaciones positivas. Se me llenó la mente de pensamientos positivos y la adrenalina que me inyectó me valdrá para el resto de Latitud. 

El final de la etapa eran unos 800 metros en un desnivel positivo muy acusado. Era el último esfuerzo. Sabíamos que ya el parador estaba a escasos metros y eso, junto a la vista de todo el Llano de Ucanca, fue el empujón final. 

¿Por qué no en línea recta?

Durante el día, cruzamos en varias ocasiones la carretera. Nos acercábamos y alejábamos a nuestro destino. Parecía carecer de sentido pero cuando te acercar a cada uno de los lugares, lo entiendes. Latitud Tenerife está hecho para el disfrute del senderista. Si fuera una carrera si que no tendría sentido dejar de disfrutar de todo lo que yo he disfrutado hoy.

Ha sido muy enriquecedor y tengo que reconocer que planificar un producto como este no es nada fácil. Mi más sincera enhorabuena para todo el equipo de El Cardón NaturExperience porque hoy, lo mirara por donde lo mirara, no tenía otra palabra en mi boca sino espectacular. 

Cuarta etapa: 30 kilómetros

Para la cuarta etapa de Latitud Tenerife nos esperan 30 kilómetros que saliendo desde el Parador tendrá meta en el parque de La Caldera. Haremos Siete Cañadas y nos adentraremos en el norte más profundo de Tenerife. 

Los kilómetros se nos acumulan en las piernas y nuestros trapecios chillan del peso que llevamos encima. Mis llagas siguen ahí y me acompañarán durante toda la aventura. Pero sarna con gusto no pica. 

Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Comunicación institucional y gestión de redes sociales.

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