Nueva York acogió el pasado fin de semana uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo atlético: la 47º edición del Maratón que lleva su nombre. El deportista garachiquense Basilio Bravo viajó hasta el corazón de los Estados Unidos para recorrer los más de 42 kilómetros por las calles neoyorquinas, según él, porque siempre tuvo en mente esta carrera desde que empezó a correr hace 20 años.

El 5 de noviembre se concentraron en la salida más de 50 mil personas para disputar la competición que les llevaría desde Staten Island hasta Central Park, atravesando los 5 kilómetros del Puente Verrazano Narrows y los distritos de Brooklyn, Queens y el Bronx.

“Vas saltando de un distrito a otro y el ambiente es inmejorable”, señala el deportista, a lo que añade que “el atractivo de la ciudad ha hecho que no solo disfrute a nivel deportivo, sino también a nivel turístico”. Bravo cruzó la línea de meta parando el cronómetro en 4:11:34, un tiempo que le permitió estar entre los 19 mil primeros participantes.

“No me preocupaba ni la posición ni el tiempo”, dice el garachiquense, entre otras cosas porque no sabía cómo le respondería el cuerpo: “Hace dos semanas hice los 142 kilómetros de Faro a Faro y, además, pensé que el traslado hasta Estados Unidos y el jet lag también me pasarían factura”. Sin embargo, según el deportista, su estado anímico y físico estaban en buenas condiciones, de tal manera que aparte de hacer turismo a pie, se animó a realizar un día antes del Maratón una carrera de 5 km desde Naciones Unidas hasta Central Park.

Confiamos en la organización y en la seguridad y no nos fallaron

Para el deportista, la organización ha sido magnífica, no solo en la previa al evento, sino desde que se dio el pistoletazo de salida al son del himno americano cantado a capela. A pesar de que mucha gente puede pensar que organizar a 50 mil personas es complicado, según Bravo, no hubo ningún problema: “Primero salieron los deportistas discapacitados, a continuación, los profesionales, y por último, el resto, organizados en oleadas de 15-16 mil personas formadas por los tiempos de referencia que cada uno habíamos señalado en nuestra inscripción”.

La temperatura, en torno a los 9 grados, y las amenazas de lluvia dificultaron el recorrido: “El tiempo no nos acompañó como hubiese querido, aunque eso no quitó que nos lo pasásemos genial durante las 4 horas de la carrera. Sinceramente, pensé que lo iba a pasar peor, pero las sensaciones fueron buenas“.

A pesar de que seis días antes, el 31 de octubre, un atentado terrorista paralizaba el sur de Manhattan, según el garachiquense en ningún momento se plantearon cancelar el viaje. “Confiamos en la organización y en la seguridad y no nos fallaron”. Su percepción fue que las calles neoyorquinas estaban llenas de militares y policías que controlaban lo que estaba pasando. El día de la carrera las medidas de seguridad se incrementaron aún más; de hecho, los corredores tenían la obligación de llevar mochilas transparentes que permitiesen ver su contenido.

La medalla que recibió Basilio como ‘finisher’ y, detrás, su nombre estampado en una enorme impresión con todos los participantes que acabaron la prueba

Finalmente, y tras meditar sobre su experiencia, el garachiquense define el Maratón como “un carnaval durante 42 kilómetros, no solo por la participación y empeño de los estadounidenses, sino por el constante movimiento y el afán de cada uno de los que hacen posible que esta carrera se siga celebrando cada año”.

El deseo de cumplir un sueño

Tal y como ha asegura el deportista, el sueño de ir a Nueva York y correr este maratón se forjó hace 20 años, cuando dio sus primeros pasos en el mundo del atletismo con una media maratón en Tenerife. La promesa que Basilio Bravo hizo en ese momento fue celebrar sus 42 años con 42 maratones, preferiblemente en Nueva York, por el reclamo y el significado que esta importante carrera tiene para cualquier corredor.

“Al final me retrasé dos años, además de que ya tengo más de 42 maratones, pero la idea era tomármelo como un premio por el tiempo que llevo en este mundillo y, por supuesto, documentarlo“. Y así fue, ya que durante el recorrido sacó más de 150 fotos y vídeos, no solo para mostrárselo a su familia y amigos, sino para recordar la que ha sido “una de las experiencias más gratificantes de mi vida deportiva”.

Ahora, el deportista se plantea nuevas metas: Boston y Grecia. Bravo confiesa el Maratón de Boston está entre sus citas pendientes en el cuadro deportivo norteamericano, aunque no descarta volver a realizar la de Nueva York. Por otro lado, el futuro más próximo del garachiquense gira en torno a la posibilidad de realizar, el próximo año, la famosa Maratón Clásica de Atenas, madre de esta disciplina.

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