Como un candelabro diseñado en la onírica visión de un pintor surrealista viene del polvoriento paisaje de la nada a buscar la realidad. Como si hubiese sido construido por surreales manos emerge desde la tierra caliente y abandonada. Como un grito de la naturaleza malherida suben sus brazos ásperos hacia el cielo aburrido. Como un recuerdo de remotos tiempos en los que en las islas se hablaban otras lenguas y había guanches asustados mirando hacia las costas, oteando el horizonte, temiendo la llegada de artefactos extraños que traían las aguas.

Tiempos en los que se perdían las palabras.

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Miedo. Quizá nos quiere contar cosas del miedo que los seres humanos tenemos en lo más profundo de nosotros, de la misma manera que la tierra esconde sus telúricos temores.

Es hermoso ver cardones entre los riscos agrestes. Fuentes de aguas impensadas buscando nubes. Es triste contemplar los que han quedado atrapados en la vorágine de los humanos.

El cardón estaba allí, en silente pausa de la vida. Esperaba. Luego vinieron basuras a visitarlos y quedaron mezcladas con su meditación de siglos, más tarde cubrió el cemento la piel de la tierra que lo rodeada y los bloques crearon muros que le robaron las horas de sol y de vida. Algún niño se entretuvo clavando flechas plásticas en su carne blanda y verde. ¡Cosas de chiquillos! No hubo un adulto que le dijera que aquellas torturas no se hacían. Nadie le trajo algodones para curar las heridas.

Miedo, será que tenemos miedo a dejar que los sentimientos hablen.

Espera vegetal y eterna. No pierde la esperanza de que alguien libere a la tierra de sus temores.

Mas los humanos se deshumanizan, se pierden en discusiones sordas. Las palabras se despojan del significado. Desnudas. Surgen los golpes y los empujones. Nadie habla. Nadie ira a su lado a ver qué paso.

El cardón con lágrimas de polvo espera, suplica, en su mudez de siglos, que alguien se ocupe de las cosas de la naturaleza.

Miedo. Será que los humanos tenemos miedo a que las palabras habiten en nosotros.

Tenemos miedo de hablar.

Creamos muros.

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