Román Salazar Díaz

Román Salazar Díaz (Genovés, 1928), conocido como Evelio, fue el alcalde del barrio hasta 1981, cuando por decisión propia cedió el cargo a Domingo Pérez. Elegido por el entonces recién nombrado alcalde de Garachico, Lorenzo Dorta García, Salazar veló porque todas las necesidades de Genovés fuesen enmendadas.

Sin cumplir la mayoría de edad y principalmente por cuestiones personales y laborales, Salazar se vio obligado a abandonar su tierra natal y empezar una nueva vida en Venezuela. Después de más de 15 años en este país decidió volver definitivamente en 1960, pero lo que se encontró al llegar a Genovés hizo que, poco a poco, sus ganas de ayudar al barrio fueran creciendo hasta que en 1969 accedió al puesto.

¿Cómo fue elegido? 

Mi elección fue un poco diferente. A mediados de los 60, nuestro barrio no tenía red de servicio domiciliario de agua potable. Algunos vecinos sí que teníamos agua a presión porque habíamos pagado por este servicio años atrás, pero éramos muy pocos. El resto tenía que ir a la Madre del Agua a lavar, a llenar garrafas para las comidas, para el aseo y también para el mantenimiento de los animales; eso, todos los días. En una reunión que se celebró por aquel momento insistí en esta necesidad básica. Se decidió construir un estanque para traer el agua desde la galería de La Madelfa y de ahí canalizarla a las viviendas, pero la ubicación que eligieron los encargados no era la adecuada porque en ese lugar no había ni arena ni piedra, por lo que había que llevarla por los caminos rurales con las bestias, lo cual era muy complicado. Yo propuse hacerlo en Hoya Onda y precisamente fue ahí donde se construyó. Gracias a esta iniciativa, don Lorenzo [Dorta] consideró que al ser buen conocedor del lugar, yo era el que tenía que asumir el cargo de alcalde del barrio.

¿Qué más iniciativas propuso?

Mi mayor satisfacción fue la de conseguir que el agua llegase a las viviendas

Sin duda, aunque aún no había sido nombrado alcalde, mi mayor satisfacción fue conseguir que el agua llegase a las viviendas, por la necesidad que eso suponía. También insistí en el asfaltado de los caminos, en el acondicionamiento del sistema de la luz con la instalación de un transformador nuevo, en la existencia de un teléfono público y en la construcción de una nueva escuela de primaria y de un centro cultural. Una vez construido este, insistí en que viniese a Genovés, unos días en semana, el médico de cabecera hasta que se construyó el Consultorio en San Juan del Reparo.

¿Cómo respondió el barrio ante estas obras?

Genovés siempre fue ejemplar. Para llevar a cabo estas obras había que moverse en un momento en el que el Ayuntamiento de Garachico no tenía tampoco muchos recursos, por lo que los vecinos tenían que colaborar. Por ejemplo, para el tema del agua, cada casa tuvo que invertir alrededor de 1500 pesetas para contadores y tuberías, lo que en ese momento suponía un gran desembolso, ya que los sueldos de ese entonces rondaban esa cifra. Pero nadie dijo que no. La gente me obedecía porque sabían que yo quería el bien para todos y eso siempre se los agradeceré.

Inauguración de la carretera de Genovés. Salazar junto con Lorenzo Dorta, el gobernador civil y representantes del Cabildo

Algunos vecinos consideran que el asfaltado de los caminos supuso un cambio para el barrio, ¿qué opina al respecto?

En los 70, los caminos de Genovés eran todos de piedra. Esto imposibilitaba el tránsito de los vehículos, por lo que si querías hacer una obra tenías que cargar los materiales al hombro. Por esa razón, principalmente, como alcalde del barrio, insistí en el Ayuntamiento. Desde Santa Cruz venían los camiones con el asfalto y luego en el Lomo León se calentaba. Hicimos alrededor de 20.000 metros cuadrados de carretera —teniendo en cuenta el ancho y el largo de esta— y todo con la ayuda de los vecinos, éramos nosotros los que trabajábamos, ¡y sin cobrar nada! Los hombres con el sacho y las mujeres con un cubo hicieron que poco a poco saliese esa obra adelante. Cuando todo estuvo terminado nos visitó el alcalde, el gobernador civil e incluso representantes del Cabildo. Esto supuso una gran avance para todos, porque no solo mejoramos el acceso a las viviendas sino que facilitamos las futuras obras que luego se construyeron.

¿Por qué insistió en la construcción de un nuevo centro escolar?

En Genovés había colegio, pero ya era viejo y no tenía mucha capacidad. Además, con la apertura del Valle Menéndez, en Garachico, los niños de aquí fueron trasladados al colegio del casco y todos los días tenían que levantarse una hora antes que el resto para coger el transporte que peligrosamente los bajaba por la carretera de El Tanque. Se buscó el terreno, a la mitad del barrio, pero por unos malentendidos con unos vecinos finalmente terminamos construyéndolo donde actualmente está. Dos colegios y dos casas para los maestros. Yo no le podía pedir más al pueblo, por lo que exigí al Ayuntamiento que corriese con todos los gastos. Y así fue.

¿Cómo cree que el alcalde de barrio ayudaba a los vecinos?

Nosotros solo luchábamos por el bien del barrio. Eso sí, no lo hacía yo solo, fueron muchos los que junto a mí pelearon por conseguir todo lo que Genovés necesitaba. Nosotros nos reuníamos y deliberábamos sobre lo que merecía el barrio y a partir de ahí eran los vecinos los que decidían si querían continuar. Siempre fue un sí rotundo, porque todo lo que pedíamos era importante.

Alumnos del colegio de Genovés

¿Qué cualidades tenía que tener un alcalde de barrio?

Un alcalde de barrio tenía que ser serio, comprometido, objetivo, realista y, sobre todo, cara dura, o al menos no debía tener vergüenza a que le dijesen que no. Recuerdo varias ocasiones en las que tuve que dejar mis miedos detrás y plantarle cara a personas de la talla de gobernadores civiles, que en ese momento eran autoridades muy importantes. Pero gracias a ello conseguí muchas cosas para el barrio.

Uno tenía que ser serio, comprometido, realista y cara dura

¿Considera necesario que existiese esta figura para el avance de los barrios de las medianías?

No sé cómo sería en el resto de los sitios, pero al menos lo que comprende a Genovés, sí. Los barrios son la vida de los pueblos. Éramos nosotros los que cogíamos el pinocho con el que se envolvían los plátanos en los empaquetados. Nosotros sembrábamos y criábamos y lo llevábamos para el casco. En parte, gracias a eso funcionaba Garachico. Muchas veces no se nos valoraba y más bien nos desprestigiaban. Es ahí cuando toma importancia la figura del alcalde de barrio, como defensor de los intereses de los vecinos. Era necesario que todo ese trabajo se viese recompensado con cosas para el barrio, por lo que nuestra insistencia se valía de que Genovés tuviese lo que merecía. Desde mi punto de vista, es algo que no debería de haber desaparecido porque ni ahora ni nunca los de abajo han entendido a las medianías y, al menos, en esos años hubo personas que las defendieron.

Tras la consulta de estos hechos en los libros de actas de los plenos del Ayuntamiento de Garachico, las construcciones y los proyectos coinciden con las fechas en las que Salazar asumió el cargo. Como ejemplo, en el acta del 28 de agosto de 1970, consta que en ese momento “las obras que se están realizando por el Ayuntamiento en el barrio de Genovés con la colaboración de los vecinos son para establecer el servicio domiciliario de agua potable”, aunque no aparece en ningún lado el nombre del artífice.

Con el paso del tiempo, los municipios han olvidado a esta figura, a pesar de la importancia que tuvo para muchos barrios, como es el caso de Genovés. Sin embargo, han sido los propios vecinos los que han asumido que “aunque las instituciones no los reconozcan, nosotros siempre los tendremos guardados en nuestra memoria”.

Román Salazar, Domingo Pérez, Lorenzo Dorta y un grupo de hombres de Genovés

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