La luna de Teno

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La luna de mayo está llena de embrujos. Los budistas dicen que la luna vive en un palacio de plata recubierto de piedras preciosas; la plata hace que la luz sea fría, las hermosas gemas la hacen refulgir como un sueño de dioses.

¿Quién no ha soñado con la luna?
¿Quién no ha amado bajo su embrujo?
¿Quién no ha leído o escrito un poema iluminado por su estela de espumas?

Los cambios de luna en primavera alteran el orden de las cosas y la mente se desboca por caminos desconocidos. Por eso algunos incrédulos dicen que la luna llena en primavera enloquece a los que sucumben a sus hechizos: cosas de lunáticos.

No hay nada más hermoso y sublime que la luna llena que reina en el cielo de Teno. Inmensa en un cielo límpido, parece que va a caer sobre los desolados terrenos calcinados por el sol inclemente que calienta el día.

Es la dueña de la noche, a veces distante, en momentos seductora, locuaz, inclemente, dura…

“La luna vino a la fragua
con su polizón de nardos.
El niño la mira, mira,
el niño la está mirando…”

Nos regalaba Lorca estos versos en su Romancero gitano. Y la cola de nardos de esa luna gitana embrujaba al silencioso niño, de la misma manera que adormece los sentidos en las noches de Teno.

Quizá esa fue la luna que anoche una amiga vio en Teno. Seductora y lúbrica enseñaba que también crecen flores en la luna. Solo hay que saber mirar.