El Tanque: el balcón de la Isla Baja

Los miradores de Lomo Molino, La Atalaya y El Lagarito ofrecen unas vistas impresionantes de la costa de Daute

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Nace al filo de los acantilados de La Culata pero no tiene mar. Así es El Tanque, uno de los tres municipios de Tenerife que no cuenta con ni un solo metro de costa, pero que ya comienza a sacarle partido a las oportunidades que ofrece su orografía. Los tres principales miradores con los que cuenta atraen diariamente el interés de los turistas que se topan con ellos por casualidad o a conciencia. Lomo Molino, La Atalaya y El Lagarito abren El Tanque al mar desde las medianías.

Quizás el más popular, por aquello de contar con unas instalaciones suficientemente equipadas, sea el de Lomo Molino. A la salida de El Tanque Alto, dirección Tierra del Trigo, la carretera ofrece un desvío a la derecha que da a uno de los grandes balcones de la comarca. Desde allí se obtienen unas perfectas vistas de La Caleta de Interián y del resto de la costa de Garachico. Ahí está el mar, tan cerca pero a la vez tan lejos de El Tanque. Si hay suerte y el día está despejado, el visitante puede incluso toparse con la isla de La Palma a lo lejos.

Pero no todo es mar. Lomo Molino ofrece una impecable panorámica del municipio tanquero y de la cumbre del Noroeste tinerfeño, con el Teide coronando la estampa. Para acompañar las vistas se puede tomar algo en la cafetería-restaurante del mirador, afortunadamente reabierta y remodelada hace algunos años.

Mirador de Lomo Molino

El segundo balcón de la Isla Baja lo ofrece La Atalaya. En ese lugar se consigue una imagen brillante de la Villa y Puerto de Garachico, con el Roque presidiendo la escena. La vía de acceso proviene de la carretera que conecta el barrio de Las Cruces con El Tanque Bajo y San Juan del Reparo. Hace pocos meses, el Ayuntamiento tanquero daba una buena noticia: el mirador volverá a ser acondicionado y recuperará su cafetería después de 15 años. A la próxima oferta gastronómica se le une la presencia de los antiguos lavaderos del municipio y una pequeña plataforma que da la sensación de levitar sobre el acantilado para contemplar la espectacularidad de Garachico y la Isla Baja, prácticamente, hasta Buenavista.

Mirador de La Atalaya

Nuestro recorrido acaba en El Lagarito. Es el único mirador de paso, sin equipamiento de ocio, pero también el más accesible. El visitante se topa con él unos metros más arriba del de La Atalaya y es una parada obligatoria para cualquier turista que circule por la TF-421. Fue acondicionado hace pocos años para mejor la experiencia del convidado ante lo que ahí delante de encuentra: la vista más famosa de Garachico, esta vez, desde un ángulo de visión superior y desde donde poder apreciar también buena parte del Norte de Tenerife. Al lado del mirador se contempla el malpaís volcánico, fruto de la erupción de Trevejo de 1706 que asoló Garachico y buena parte del casco histórico de El Tanque.

Sencillos, coquetos y abiertos a los sentidos. Así son los balcones desde los que alongarse a la costa de Daute.

Mirador de El Lagarito. Foto: Discover Tenerife
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Codirector de DAUTE DIGITAL y redactor en COPE Canarias. Grado en Periodismo por la Universidad de La Laguna y Máster en Innovación en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández de Elche.