El sendero de mi casa es particular

El Lance esconde muchas historias llenas de etnografía y cultura sobre la conexión entre el casco y las medianías de Garachico

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“El sendero de mi casa es particular”, ese puede ser el pensamiento de los vecinos y vecinas de las calles más altas del barrio de San José de Garachico. Un núcleo conocido popularmente como El Volcán por la vinculación inevitable del municipio con fenómenos vulcanológicos. A escasos metros de sus puertas tienen la posibilidad de tomar el sendero PR-TF 43. Para los mejor preparados físicamente y los más atrevidos puede llevarlos hasta El Chinyero pasando por San Juan del Reparo, San Francisco de La Montañeta y Arenas Negras. Una manera de comprobar que más allá del casco histórico y el mar de Garachico también está un paraje imprescindible para cualquier tinerfeño.

Pero volviendo al sendero más particular y el único oficial de la Villa y Puerto, este camino ha servido durante siglos como única vía de conexión entre la zona de medianías y el centro histórico. La ruta más conocida y corta es la que conecta el barrio de El Volcán con San Juan del Reparo, con La Culata.

Ese camino que se conoce como El Lance y que mujeres cargadas de pescado en sus cabezas subían para hacer trueques y traer los productos de una tierra de medianías fértil. Ese lance que puede contar historias cargadas de contenido etnográfico y cultural. Ese lance que puede ser como el que hace un pescador con su caña en la costa: para traer lo mejor del inmenso azul pero esta vez hacia el cielo. Ese que ve cómo decenas de turistas lo pisan a diario. Ese que se ha visto retocado recientemente tras varios años de abandono. Ese que ve como cada año tres pruebas deportivas de alto nivel físico provocan cientos y cientos de pisadas extasiadas por llegar al final. Ese que sirve de escape para los que desean una conexión con la naturaleza sin alejarse demasiado de una urbe: mezcla de pasado, presente y futuro prometedor. Ese desde el que se mira, desde el que la perspectiva forma caprichosamente un delta de lava e imagina decenas de barcos en sus aguas descargando sedas, arte y cargando vino malvasía y caña de azúcar. Y tantas ideas, historias que le vienen a la mente del conocedor que cada ida y cada vuelta se convierte en un viaje en la historia de Garachico.

Foto: Turismo de Tenerife

Cuenta con unas curvas pedregosas y sinuosas. Lava en cada uno de sus rincones y a medida que se avanza se antoja más estrecho, más verde, también amarillo y con tajeas y canales que se llenan de agua. La casa de la palmera parece de leyenda. Se puede llegar a San Nicolás por El Lance. Todavía hay gente que puede contarlo para que las nuevas generaciones conozcan lo que suponía vivir en ‘Tiempos de apaños’, tal y como titularon en un documental realizado en 2016 los integrantes del proyecto ‘Memoria Mágica’ desde Área Garachico.

Parece que muchos ciudadanos de Garachico viven de espaldas a El Lance mientras que los turistas siempre lo hacen de frente ya que lo afrontan con cierta tranquilidad, bien sea subiendo o bajando. Algunos, sobre todo los más jóvenes, se han referido a este sendero como ‘Los pinitos’. Quizás por su carácter de pequeñez ante la inmensidad de otros pinares y tal vez porque cuando se acercaban los Reyes Magos de Oriente mirar hacia ese acantilado causaba especial emoción: avisaba de que SS.MM. estaban ahí gracias a que una reluciente estrella se posaba arriba.

El Lance siempre ha sido el final del comienzo: se acaba el mundo conocido del centro neurálgico y comienza el mundo de las alturas. Este último, un mundo apasionante, desde el que se ve todo con mucha más perspectiva, en el que se respira aire más puro y desde el que un día, el primero que se asomó, comprobó que había más Garachico. Asomarse por El Lance hará que el último que lo camine compruebe que también hay más Garachico allá arriba.

Foto: Turismo de Tenerife
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Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Comunicación institucional y gestión de redes sociales.