Cumbre de Baracán

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El callejón de Teno Alto empedrado de antiguas historias nos lleva hacia la cumbre. Es sinuoso y sombrío en algunas partes, enmarañado y solitario.

Ahora lo transitan turistas o deportistas, antaño lo caminaban cansados asnos que llevaban mercancías y traían las arvejas, los chícharos o los higos. Entre los desgreñados brezos los caminantes ahora wasapean, antes los campesinos rememoraban las apariciones de brujas y otros seres extraños.

Al fin el cielo parece acariciarnos. El aire nos abraza jubiloso. Los ojos se enfrentan miedosos a la deslumbrante orgía de la naturaleza. Es difícil ver tanta belleza.

Baracán compite con el Teide seduciendo nubes.

Allí debió sentarse Achamán, el antiguo dios de los guanches, a contemplar la perfección de lo recién creado.

Más abajo, en el verde valle de El Palmar, las heridas oscuras en la montaña de zahorra delatan el depredador paso de los hombres por el paisaje.

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