La casa de los Tomillos

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Monte del Agua y Pasos

Cuando se me empezó a caer el pelo y a madurar las ideas, mi abuela me decía: “Con alcalitofe, tofe y tomillo / te crece el pelo hasta los tobillos”.

Yo, ingenuo y preocupado aún por la cabellera, preguntaba: “Y, ¿dónde lo consigo?”

La respuesta era digna de un cuento maravilloso: “En la casa de los Tomillos”.

Así la primera vez que subí hasta aquel mágico lugar me parecía estar inmerso en una aventura mítica.

Salí por el camino de Erjos y subí por un sendero hacia la cumbre. El aire se iba haciendo más transparente aún. Envolvía todo en olores de alcanfor y tomillo.

Las plantas crecían silvestres por encima de las laurisilvas.

Las ruinas de la antigua casa dejaban ver aún su rudimentaria estructura, aunque casi sepultadas por la tierra, las yerbas y el paso del tiempo.

Me senté sobre una piedra y recordé la historia de las mujeres enfermas que se recluían entre aquellos muros, rodeadas de las plantas olorosas y acariciadas por el aire sanador.

Los paisajes están llenos de ecos del pasado.

Los lugares están hechos de palabras.

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